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lunes, 11 de febrero de 2013

¡CUIDADO!, LAS OBRAS DE MISERICORDIA PUEDEN SOLO ALIENARNOS Y CALMAR NUESTRAS CONCIENCIAS SIN GENERAR PROCESOS DE CONVERSIÓN




Al iniciar este tiempo de Cuaresma, dentro de la Iglesia Católica, se nos invita a hacer un proceso de conversión, con oración y ayuno. Pero, ¿Cómo? El profeta Isaías (Capítulo 58) nos ayuda a hacer ese proceso de conversión...

Todo rito, todo culto, toda oración, todo ayuno que no genera procesos de cambio en relación con la justicia, con la paz, con la solidaridad, con la fraternidad, no pasa de ser rito, culto, oración y ayuno vacíos, falsos y hasta desagradables a Dios, debido a la hipocresía que podemos manifestar en ellos, jugando una doble cara, una doble moral...

Isaías 58

1 Grita con fuerza y sin miedo.
Levanta tu voz como trompeta y denuncia a
mi pueblo sus maldades, y sus pecados a la
familia de Jacob.
2 Según dicen, me andan buscando día a
día y se esfuerzan por conocer mis caminos,
como una nación que practica la justicia y no
descuida las órdenes de su Dios. Vienen a
preguntarme cuáles son sus obligaciones y
desean la amistad de Dios.
3 Y se quejan: "¿Por qué
ayunamos y tú no lo ves, nos humillamos y tú
no lo tomas en cuenta?"
Porque en los días de ayuno ustedes se
dedican a sus negocios y obligan a trabajar a
sus obreros. 4 Ustedes ayunan entre peleas
y contiendas, y golpean con maldad. No es
con esta clase de ayunos que lograrán que se
escuchen sus voces allá arriba.
5 ¿Cómo debe ser el ayuno que me
gusta, o el día en que el hombre se humilla?
¿Acaso se trata nada más que de doblar la
cabeza como un junco o de acostarse sobre
sacos y ceniza? ¿A eso llamas ayuno y día
agradable a Yavé?
6 ¿No saben cuál es el ayuno que me
agrada? Romper las cadenas injustas,
desatar las amarras del yugo, dejar libres a
los oprimidos y romper toda clase de yugo.
7 Compartirás tu pan con el
hambriento, los pobres sin techo entrarán a
tu casa, vestirás al que veas desnudo y no
volverás la espalda a tu hermano.
8 Entonces tu luz surgirá como la
aurora y tus heridas sanarán rápidamente.
Tu recto obrar marchará delante de ti y la
Gloria de Yavé te seguirá por detrás.
9 Entonces, si llamas a Yavé,
responderá. Cuando lo llames, dirá: "Aquí
estoy."
Si en tu casa no hay más gente explotada, si
apartas el gesto amenazante y las palabras
perversas; 10 si das al hambriento lo
que deseas para ti y sacias al hombre
oprimido, brillará tu luz en las tinieblas, y tu
oscuridad se volverá como la claridad del
mediodía.
11 Yavé te confortará en cada
momento, en los lugares desérticos te
saciará. El rejuvenecerá tus huesos y serás
como huerto regado, cual manantial de agua
inagotable.
12 Volverás a edificar sobre las ruinas
antiguas y reconstruirás sobre los cimientos
del pasado; y todos te llamarán: El que repara
sus muros, el que arregla las casas en ruinas.
13 Si te preocupas de no caminar en día
sábado ni de tratar tus negocios en el día
santo; si tú llamas al sábado "Delicioso", y
"Venerable" al día consagrado a Yavé; si tú
lo veneras, evitando los viajes, no haciendo
tus negocios ni arreglando, ese día, tus
asuntos, 14 entonces, te sentirás feliz
con Yavé. Yo te llevaré por las cumbres de la
tierra, y te mantendré con la propiedad de tu
padre Jacob; la boca de Yavé te lo asegura.

Yéndonos versículo a versículo del capítulo 58 de Isaías... ¿qué encontramos, qué nos dice a nuestra vida hoy?
Hemos de decir, en primer lugar, que el escenario que se nos presenta en el texto es el de un lugar de culto, donde se realizaban los ritos religiosos y se manifestaba la piedad del pueblo. Isaías parece conocer muy bien todo lo relativo a la práctica religiosa de la gente y, además, su práctica social, su convivencia con el prójimo, sobre todo en temas de justicia, fraternidad, trabajo y sufrimiento de los pobres.
Por eso, el capítulo inicia con unas palabras que nos dan más datos de la realidad...
"Grita con fuerza y sin miedo.
Levanta tu voz como trompeta y denuncia a
mi pueblo sus maldades, y sus pecados a la
familia de Jacob.".
Primero, parece que el pueblo creyente y practicante de su fe en Yahvé no estaba dispuesto a escuchar con voz suave, por eso se hacía necesario gritarlo. Pero el hecho de agregarle que lo haga sin miedo, es porque al decir esas palabras en nombre de Dios, seguramente le iba a traer muchos problemas de esa gente creyente y practicante de culto y ritos vacíos. Es decir que al asumir esa tarea profética se asumen los riesgos que ella trae y por ello hay que vencer el miedo. El miedo no debe paralizar.
Esto implica entonces que el pueblo creyente que oraba y ayunaba se podría convertir en una seria amenaza para la vida del profeta, porque no les iba a gustar lo que escucharían. Toda esa gente iba en busca de la amistad con Dios y buscando sus caminos. Sin embargo, no les gustaría el mensaje de Dios. Y allí, en el versículo 2 viene la misma respuesta.... buscan todo eso pero no practican la justicia. No viven de acuerdo a la voluntad de Dios... He ahí el grave error.... he ahí el pecado del pueblo, he ahí la gran mentira, la hipocresía... He ahí el por qué sus cultos, ritos, ayunos y oraciones eran vacíos, sin sentido, desagradables a Dios.
En el versículo 3 se escucha la voz de la gente creyente, de la gente religiosa y piadosa... "¿Por qué
ayunamos y tú no lo ves, nos humillamos y tú
no lo tomas en cuenta?" La gente creyente y practicante quiere que Dios mire todo lo que se están sacrificando, que Dios crea que son buenos porque ayunan, se humillan y hacen oración. Quieren conquistar a Dios, comprarlo con esas acciones... Y Dios no deja esa pregunta sin respuesta... "Porque en los días de ayuno ustedes se
dedican a sus negocios y obligan a trabajar a
sus obreros. 4 Ustedes ayunan entre peleas
y contiendas, y golpean con maldad. No es
con esta clase de ayunos que lograrán que se
escuchen sus voces allá arriba."
Allí mismo viene la respuesta, y está referida a la relación con las demás personas, al trato con el prójimo en actitud de justicia, de respeto, de paz.
Al parecer, las propias injusticias hacen que Dios no les escuche, que Dios no les vea. Como dice un dicho popular: "Con el codo se borra lo que se ha hecho con la mano".
Y en boca del profeta Isaías, Dios mismo critica, cuestiona los ritos y cultos del pueblo creyente, desenmascarando la mentira, la hipocresía, pues se cree que para estar bien con Dios lo que se necesita es doblar la rodilla en tu templo, o dar limosnas o hacer ayunos o rezar mucho.... Seguramente al escuchar esas palabras, el pueblo creyente quiso asesinar a Isaías, por el enojo que les provocó escuchar la verdad así no más.... de un solo tajo. Pobre profeta.... seguro vio cerca la muerte y le temblaron las piernas al ver las reacciones de sus hermanos y hermanas creyentes en Dios.
La gente pudo quedarse todavía preguntando, ¿entonces cuál es el ayuno, la oración, la humillación que le agrada a Dios? ¿Cuál será el verdadero culto que Dios recibe con alegría? He aquí que Dios expresa qué realmente le agrada:
"Romper las cadenas injustas,
desatar las amarras del yugo, dejar libres a
los oprimidos y romper toda clase de yugo.
Compartirás tu pan con el
hambriento, los pobres sin techo entrarán a
tu casa, vestirás al que veas desnudo y no
volverás la espalda a tu hermano."
Si Dios les pide que se rompan las cadenas injustas, es porque en esa realidad existía la injusticia, había gente que estaba como bueyes sujetos a un yugo, cargando con pesados trabajos, sometidos, gente esclavizada desde el trabajo y por su condición de pobreza.... alguien que quiere agradar a Dios no puede ser indiferente ante la realidad de hambre, de la gente sin techo, la gente que está sufriendo.... y no dice que eso hay que hacerlo con los cercanos, con las personas que les son agradables. Y además, el versículo siete termina de forma fulminante.... esa persona que está viviendo esa situación de injusticia y pobreza, es tu hermana... no es cualquier gente.... es tu hermana...... Si los seres humanos nos reconociéramos como hermanos, no existieran guerras, nadie sería injusto, nadie oprimiría... nadie pasaría hambre, ni frío, ni viviría sin techo.......... Y ese es el ayuno agradable a Dios......
Y Dios continúa diciendo,
"Tu recto obrar marchará delante de ti y la
Gloria de Yavé te seguirá por detrás.
9 Entonces, si llamas a Yavé,
responderá. Cuando lo llames, dirá: "Aquí
estoy."
Ahhhh, entonces no es que le desagraden a Dios el culto, los ritos, el ayuno y la oración, es que deben ir precedidas de amor al prójimo, de amor solidario al hermano. Eso es estar en gracia de Dios.
"Si en tu casa no hay más gente explotada, si
apartas el gesto amenazante y las palabras
perversas; si das al hambriento lo
que deseas para ti y sacias al hombre
oprimido, brillará tu luz en las tinieblas, y tu
oscuridad se volverá como la claridad del
mediodía.
Yavé te confortará en cada
momento, en los lugares desérticos te
saciará. El rejuvenecerá tus huesos y serás
como huerto regado, cual manantial de agua
inagotable.
Volverás a edificar sobre las ruinas
antiguas y reconstruirás sobre los cimientos
del pasado; y todos te llamarán: El que repara
sus muros, el que arregla las casas en ruinas.
Si te preocupas de no caminar en día
sábado ni de tratar tus negocios en el día
santo; si tú llamas al sábado "Delicioso", y
"Venerable" al día consagrado a Yavé; si tú
lo veneras, evitando los viajes, no haciendo
tus negocios ni arreglando, ese día, tus
asuntos, entonces, te sentirás feliz
con Yavé. Yo te llevaré por las cumbres de la
tierra, y te mantendré con la propiedad de tu
padre Jacob; la boca de Yavé te lo asegura."
Dios vuelve a reafirmar en qué momento la gente estará realmente en su presencia, en qué momento Dios habitará en el ser humano, en su pueblo. Entonces la vida desértica dará alimento, dará fruto. La vida brotará de nuevo en quienes viven como muertos, sintiéndose sin sentido en la vida. Sobre el pasado de dolor y sufrimiento, la gente podrá volver a edificar una nueva vida. Entonces sí podrá decir el pueblo creyente que es bueno, delicioso el día del Señor, el culto, los ritos, el ayuno y la oración ofrecida a Dios. Eso significa que antes que los negocios, antes que el enriquecimiento, antes que la explotación está lo que agrada a Dios, que sólo entonces, cuándo se practique y viva la justicia, la fraternidad, la solidaridad, la paz, sólo entonces la persona creyente se sentirá feliz y Dios estará complacido, alegre.
Y, ¿cómo estamos hoy nosotros, como Iglesia Católica, como están todas las Iglesias Cristianas en relación a esta práctica del amor? Pues no se trata de simples obras de misericordia... se trata de dar de comer al hambriento, de vestir al desnudo y dar techo al sin techo, pero erradicando las causas de dichos males, es decir, combatiendo las injusticias, hablando con la verdad y actuando sin miedo... tal y como comienza el capítulo 58.... "grita sin miedo".....
¿Creemos que nuestras prácticas religiosas, nuestros cultos, ritos, rezos y ayunos le agradan a Dios? ¿O nuestra práctica religiosa es más bien hipócrita, sin amor afectivo y efectivo hacia al prójimo, sólo para calmar nuestras conciencias?
Cómo Iglesia Católica, ¿qué hay detrás de nuestras Eucaristías, de nuestra praxis sacramental, de nuestros rezos de novenas, de los rosarios, de las procesiones, etc.? Seguro que sí hay fe, tal y como la tenía el pueblo creyente en el tiempo de Isaías... pero, ¿será que nuestro culto, nuestros ritos, nuestra oración, nuestro ayuno es el que verdaderamente agrada a Dios? ¿o será nuestra práctica religiosa actual lo que nos queda más cómodo, lo que implica menos compromiso, lo que no nos pone en riesgo, lo que calma nuestras conciencias, lo que esconde nuestras injusticias, nuestro pecado? Escuchemos a Isaías e iniciemos procesos de conversión personales y comunitarios, Dios nos dará la fuerza de su Espíritu para ello.


viernes, 19 de agosto de 2011

POR AMOR A JESÚS Y AL PROYECTO DEL REINO DE DIOS

Hans Küng:
‘Hay un cisma en la Iglesia entre la cúpula jerárquica y las bases’
03.08.11 – Mundo
http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?boletim=1&lang=ES&cod=58929

Entrevista a Hans Küng

Hans Küng:
"Diagnóstico: enferma terminal. ¿Se puede salvar aún la Iglesia?”. "El papado actual es una institución de dominio que divide. El Papa divide a la Iglesia”.
‘Diagnóstico: Enferma terminal. ¿Se puede salvar aún la Iglesia?’ Esta es la pregunta que se plantea en su último libro, publicado en Alemania por la editorial Piper Verlag, el teólogo crítico y especialista en ética mundial Hans Küng en su último libro.
“En la situación actual no puedo guardar silencio”, dice Hans Küng. En su opinión la Iglesia Católica en encuentra inmersa en una grave crisis. Crisis que es necesario describir con objetividad y sin prejuicios antes de aplicar la terapia adecuada. Crisis que se plasma, entre otras cosas en censura, absolutismo y estructuras autoritarias.

Pregunta: Sr. Küng, me ha llamado la atención que su libro está impregnado de un cierto alarmismo. No podía seguir callando, debía escribir este libro en este momento concreto. Metáforas como "enfermedad”, "recaída”, "subida de fiebre” abundan en su libro. ¿A qué se debe este alarmismo?

Küng: Alarma sí, pero no alarmismo. Si me permite, lo explico inmediatamente. He de decirle con toda sinceridad que en estos momentos, tan sólo un par de meses después de su publicación, veo las cosas incluso más negras que el color de la portada de mi libro. Tenemos una iniciativa de diálogo con los obispos que ha quedado en agua de borrajas. Creo que el sociólogo de la religión, Michael Ebertz (Friburgo), tiene razón cuando habla de una segunda crisis en la Iglesia Católica, después de la crisis de los delitos sexuales. El episcopado se muestra obviamente incapaz de comunicarnos qué es lo que ha pasado, para que se pueda encauzar debidamente el diálogo. Seguimos sin saber cómo proceder para iniciar dicho diálogo, los obispos no se ponen de acuerdo y quieren excluir determinados temas. Recientemente hemos asistido a una serie de acontecimientos muy desagradables que justifican tanto mi análisis como mi alarma.

Pregunta: Usted ha llegado a decir que estamos en la segunda fase de la crisis. Ha hablado de falta de disposición a dialogar. Aclárenos, por favor, este punto.

Küng: Suponemos que los obispos han aprendido que no pueden seguir actuando de una forma tan autoritaria como hasta ahora, que han de escuchar al pueblo. Pero no es así, ni siguiera han aprendido eso. Creo que ¡nosotros somos el pueblo! La gente dice: se nos está agotando la paciencia, queremos participar en las decisiones, también en nuestras parroquias. Queremos elegir a nuestros obispos, queremos ver a mujeres en los diferentes cargos, queremos que haya agentes de pastoral, hombres y mujeres, que sean ordenados/as sacerdotes. Son consignas y demandas que reflejan el descontento de la gente. De hecho, se ha producido un cisma dentro de la Iglesia entre los que, ahí arriba, piensan que pueden seguir actuando con el estilo de siempre y el pueblo y una buena parte del clero liberal.

Pregunta: ¿Qué reacciones ha desatado su libro hasta la fecha?

Küng: Se lo he enviado a todos los obispos alemanes y hasta ahora las reacciones han sido, cuando menos, cordiales. También se lo he enviado al Papa Benedicto con una cortés carta en la que le expongo como, en el fondo, mi intención es ayudar a la Iglesia, aunque tenga una idea diferente de cómo deberíamos proceder. Él me ha hecho llegar su agradecimiento, lo que me parece un gesto positivo. Tengo sumo cuidado en intentar conducir el debate con objetividad, sin traspasar la barrera de la ofensa personal y sin que la cuestión devenga en un asunto personal.

Pregunta: ¿Qué reacciones ha provocado entre los laicos?

Küng: En pocas ocasiones he recibido tantas cartas agradeciéndome el libro, a pesar de tratarse, de hecho, de un análisis algo “depre” que puede producir desaliento. Me agradecen mucho que afirme que la recuperación es posible. El libro está repleto de propuestas concretas. No me puedo quejar de las reacciones, todo lo contrario, me anima mucho recibir casi a diario cartas de tanta gente, muchas veces de gente sencilla.

Pregunta: ¿Cuáles son para Ud. los principales síntomas de esta crisis de la Iglesia Católica que diagnóstica en el libro?

Küng: Básicamente que las parroquias se están secando lentamente, en parte a causa del mensaje dogmático que viene reiteradamente prescrito desde arriba. Naturalmente tenemos también el problema de los cargos eclesiales. En el libro lo ilustro con el ejemplo de mi propia comunidad en Suiza. Durante mucho tiempo hemos tenido cuatro sacerdotes (los "cuatro caballeros”); hoy no queda ninguno. Seguimos teniendo a dos jubilados y a un diácono. El diácono lo hace fenomenal, un alemán, por cierto. No obstante, no puede presidir la eucaristía por no haber sido ordenado sacerdote. Y no puede ser ordenado sacerdote porque está casado. Es completamente absurdo. Hemos de abordar una serie de puntos muy concretos: 1. el celibato ha de ser opcional. 2. las mujeres han de tener acceso a los cargos eclesiales. 3. se ha de permitir que los divorciados participen en la eucaristía; 4. se han de establecer comunidades eucarísticas entre las diferentes confesiones sin esperar otros 400 años.

Pregunta: Estos son algunos puntos para la terapia. Volvamos al diagnóstico. ¿Cómo denominaría Ud. la enfermedad que afecta al núcleo de la Iglesia Católica?

Küng: La enfermedad es el sistema romano. Lo introdujeron los Papas de la denominada Reforma gregoriana, en honor a Gregorio VII. Así fue como se introdujo el papismo, el absolutismo papal, según el cual una sola persona en la Iglesia tiene la última palabra. Esto produjo la escisión de la Iglesia Oriental que no aceptó dichas modificaciones. De esa época procede el predominio del clero sobre los laicos. Padecemos un celibato para todo el clero que se introdujo en el siglo XI. Aquí pienso que está el origen de la enfermedad. Ahí surgió el germen. Se intentó erradicarlo con la Reforma pero en Roma encontró resistencia.

Con el Vaticano II se intentó luchar contra todo esto. Tuvo un éxito parcial, aunque no se permitió debatir ni sobre el celibato ni discutir sobre el papado. Se puede considerar que el Concilio tuvo éxito a medias. En estos momentos la situación es calamitosa. En Roma, en lugar de haber aprendido algo, como hubiera sido de esperar, y haber emprendido el camino de la liberalización, los dos Papas restauracionistas -Wojtyla y Ratzinger- han hecho lo contrario. Han hecho todo lo posible para que el Concilio y la Iglesia retrocedan a una fase preconciliar.

Pregunta: ¿Se refiere al Concilio Vaticano II que intentó producir una cierta apertura?

Küng: Sí, los frutos del Concilio Vaticano II fueron excelentes: integró el paradigma de la Reforma en la Iglesia, incorporó las lenguas vernáculas a la liturgia, todo el pueblo participa hoy activamente en la liturgia, se revalorizó el papel de los laicos y el de la Iglesia Oriental. Incluso se ha producido una integración de los paradigmas de la Ilustración, de la Modernidad. Desde entonces se reconoce la libertad de culto y los derechos humanos; y tenemos una actitud positiva hacia las religiones del mundo y hacia el mundo secular. Pero éstos son precisamente los puntos en lo que Roma quiere retroceder. Roma lo tiene todo organizado para retener el poder.

Pregunta: Si le he entendido correctamente, desde hace unas décadas, en la Iglesia Católica, se ha producido una recaída, un retroceso, una fuerte concentración en el sistema de dominio romano ¿esto es lo que Ud. Critica?

Küng: Sí. Esto queda de manifiesto en los siguientes puntos: primero, se han ido publicando continuamente documentos sin preguntar al episcopado y sin consultar a nadie previamente. Se trata de documentos de la curia que subrayan la pretensión de estar en posesión de la verdad, el monopolio sobre la verdad de la Iglesia Católica. En segundo lugar, tenemos toda la desafortunada normativa relacionada con la moral sexual que se ha ido publicado. Esta es la línea. En tercer lugar, tenemos la política de elección de personas. De forma sistemática, para los puestos de obispo y otros cargos de la curia se eligen exclusivamente personas fieles a esa línea. He escrito un capítulo entero sobre los motivos por los que los obispos guardan silencio: porque ya han sido seleccionados, porque previamente se han comprometido, porque en la ordenación han de prestar juramento al Papa, porque no pueden hablar libremente. Por eso escuchamos de todos la misma opinión. Los obispos se encuentran en una situación de gran presión, por una parte la que les llega de arriba, por otra parte la de la comunidad creyente.

Pregunta: ¿Por lo tanto, Ud. dirige sus críticas también contra el monopolio de poder y el monopolio de la verdad del Papa?

Küng: Sí, exactamente.

Pregunta: ¿Esa sería la principal herida?

Küng: Me imagino que si hubiéramos tenido otro Papa en la línea de Juan XXIII, la institución de Pedro sería algo magnífico. Podría ser una institución de guía pastoral, que inspira, que une. El papado actual es una institución de dominio que divide. El Papa divide a la Iglesia. Esta es una tesis que no se toma suficientemente en serio. Según las últimas encuestas, el 80% de los católicos alemanes quieren reformas.

El 20% que no las quieren son, por desgracia, los que sí son tomados en serio. Algunos obispos sostienen que entre los católicos hay dos grupos. No es cierto, no se trata de dos grupos. La mayoría quiere reformas. Es tan sólo una minoría de personas, con presencia en los medios, las que están en contra de las reformas. Ellos no representan a la Iglesia que deseamos tener. Como pueblo de Dios queremos una Iglesia en la que nos sintamos incluidos todos, no queremos un pequeño grupo dominante que controle todo.

Pregunta: Hay algo que no entiendo bien. Si Ud. critica al Papa actual y lo compara con otros Papas más liberales, entonces no es un problema de la estructura de la Iglesia, sino de la personalidad del Papa.

Küng: También recae en la personalidad del Papa. Joseph Ratzinger procede de un entorno conservador. Yo también procedo de un entorno conservador. Esto no es ninguna vergüenza, incluso se podría tornar como una ventaja. Pero él ha interiorizado este entorno. El vivió principalmente en Alemania sin conocer bien el mundo. Después se trasladó a Roma donde ha vivido en un gueto artificial en el que no se percibe lo que sucede en el resto del mundo. Al leer algunas declaraciones suyas, como el decreto que publicó sobre las otras Iglesias siendo aún cardenal, uno se pregunta: ¿dónde vive este hombre realmente, en la luna? Ahora ha anunciado una campaña de evangelización nada convincente. ¿Cómo se quiere evangelizar al mundo con un catecismo que pesa literalmente 1 kg? ¿Pretende torturar a la gente? Además está la cuestión de la Enseñanza de la Iglesia. El habla expresamente de la "enseñanza del Papa”.

Esto, por supuesto, no hay persona ilustrada que se lo tome en serio. ¿Quién va a admitir a estas alturas que una sola persona reclame para sí el poder legislativo, ejecutivo y judicial sobre una comunidad de más de mil millones de personas? En tercer lugar, se está dando un impulso problemático al tipo de religiosidad popular tradicional que se quiere promover. Se producen estas terribles escenas en la que un Papa besa la sangre de su predecesor en su relicario de plata. Pero, bueno ¿dónde estamos? Esto es oscurantismo medieval.

Pregunta: Aprecio que se indigna cuando habla del Papa actual.

Küng: No, no se trata del Papa actual.

Pregunta: En su libro le critica con dureza. Habla, por ejemplo, de boato y despilfarro, de estructuras autoritarias. ¿Se le podría reprochar: Küng habla con cierto resentimiento?

Küng: No. Creo que sigo teniendo la capacidad de poder hablar muy bien con el Papa personalmente. Seguimos manteniendo correspondencia y él sabe que mi preocupación es simplemente la Iglesia; pero que tengo una concepción diametralmente opuesta a la suya en lo que al camino a seguir se refiere. Me interesa resaltar que no hemos llegado a esta situación por el Papa Ratzinger, sino como evolución desde el s. XI. Aunque Joseph Ratzinger y su predecesor hayan hecho todo lo posible para volver a un paradigma medieval de la cristiandad.

Pregunta: Sr. Küng, ¿el sistema romano no se asienta en el Nuevo Testamento y en la Historia de la Iglesia?

Küng: No. La misma palabra "jerarquía” no la encontrará en el Nuevo Testamento. Sí que aparece seis veces la palabra "diaconía” con la famosa frase: "el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos”. En esa misma línea tenemos también la escena del lavamiento de pies. Pero el Papa quiere ser señor entre los señores. Aparece como un faraón moderno. Si observamos las ceremonias en San Pedro, una sola persona está en el centro, mientras los obispos se mantienen a distancia, como figurantes. Nadie tiene nada que decir, sólo hay uno que habla, sólo hay uno que lo decide todo. Esta no es una Iglesia de nuestro tiempo. Y no se corresponde en absoluto con el Nuevo Testamento ni con su época, donde reinaba la hermandad, donde las mujeres estaban presentes y donde había una comunidad carismática, como se ve en las comunidades paulinas.

Todo lo contrario de lo que se practica hoy en día. Hoy reina una estructura medieval que, en principio, sólo se encuentra en los países árabes. Nos recuerda al comunismo: se basa en el secretario de un partido único que decide todo. El resto ha sido elegido en función de su lealtad a la línea papal. Lo mismo pasa con los obispos. Aunque, cada vez hay menos creyentes que aceptan este sistema autoritario. Ni en Arabia se acepta ya a los autócratas. Yo sostengo que en la Iglesia Católica los autócratas tampoco tienen ningún futuro.

Pregunta: Ha dicho que la Iglesia Católica no está a la altura de la época moderna. No obstante, se podría objetar que esa es precisamente su ventaja. ¿Qué piensa Ud. que debería transformarse? ¿En una empresa moderna acorde a los tiempo? En ese caso, no ofrecería ninguna alternativa.

Küng: No es que yo sea un partidario absoluto de la modernización. La Iglesia debería, en primer lugar, volver a sus orígenes. Se trata de ver si todavía podemos apelar a Jesús de Nazaret o no. En mi libro describo una escena: es impensable que Jesús de Nazaret apareciera en una ceremonia del Papa, no tendría sitio. Es simplemente una manifestación de poder pomposa e imperial, donde todos aplauden y los señores de este mundo participan para ser vistos y recoger votos. Esa imagen no tiene nada que ver con la Iglesia que Jesús quería, es decir no tiene nada que ver con la comunidad de discípulos de Jesús.

No se trata de modernizar a cualquier precio. En determinadas circunstancias, precisamente habrá que ofrecer resistencia a la Modernidad, justamente en los aspectos en los que es inhumana. He escrito suficientes libros críticos con la Modernidad, por ejemplo: "Anständige Wirtchaften” (Una Economía Honrada), que trata sobre la falta de moral de la economía. Lo que no puede ser es que adoptemos como solución la Edad Media, cuando lo que deberíamos es dar el paso de la Modernidad a la Posmodernidad.

Pregunta: Hans Küng apela a Jesús, el Papa apela a Jesús. ¿Qué puede hacer un laico ante estos dos intentos de legitimación?

Küng: Debería leer la Biblia, así se daría cuenta de donde está Jesús. Cuando Ratzinger en calidad de teólogo, también como Papa, escribe sobre Jesús -aunque realmente no debería escribir libros sino dirigir la Iglesia- lo hace sobre el Cristo dogmático que camina sobre la tierra. No habla que Jesús contradecía a las instituciones religiosas de su tiempo; que al final fue asesinado por los que se consideraban ortodoxos. Todo lo contrario, habla siempre del Cristo de los dogmas, de la Iglesia y de la administración.

Pregunta: Volvamos a los obispos. Ha mencionado que son todos muy fieles a la línea papal, y que se trata, de hecho, de un grupo hermético y estancó. ¿Cómo se ha llegado a esto?

Küng: Es como si el Papa pudiera nombrar él sólo a todos los obispos. Sobre todo si se comprometen con su línea. Sucede literalmente como en el partido comunista, donde nadie tiene nada que decir salvo el jefe de Moscú. Por eso dicen todos lo mismo. Si hablas individualmente con los obispos, te dicen: "Tiene Ud. razón, por supuesto, pero…”.

Si tan solo hubiera un obispo en la República Federal Alemana que, por fin, dijera cómo está la situación, que así no se puede seguir, que se han de abordar reformas, se le echarían encima Roma y el Vaticano, que intervendrían a través del nuncio, etc. También tendría al resto de los obispos enfrente, en especial a la facción de Meisner, que intenta ejercer el terror sicológico en la Conferencia Episcopal y, naturalmente, a toda la curia romana. Tendría en contra a todo ese pequeño grupo de conservadores y sus agencias de prensa, las que difunden continuamente noticias. Tendría que ser muy fuerte. Aunque contaría, al menos, con el apoyo del pueblo.

Pregunta: En el centro de su crítica está el sistema romano. Esta cuestión ya la hemos abordado. En la conversación previa a la entrevista ha comentado que preferiría no hablar de los casos de abuso sexual. No obstante, lo menciono porque hay un punto que deberíamos aclarar: ¿estos casos de abuso sexual son, desde su punto de vista, parte de un problema estructural? En su crítica al papado, habla Ud. precisamente de problemas estructurales.

Küng: Por supuesto. Siempre ha habido una animadversión hacia la sexualidad, no sólo en la Iglesia, también en la Antigüedad. Pero tenemos el problema del celibato del clero cuyo origen se remonta a las normas impuestas por los Papas del s. XI. No quiero decir, en absoluto, que el celibato desemboque necesariamente en la homosexualidad o en el abuso sexual.

En absoluto. Pero cuando decenas de miles de curas han de reprimir su sexualidad y, por muy buenos párrocos que sean, no pueden tener esposa ni familia, entonces tenemos un problema estructural. Estas condiciones hay que cambiarlas definitivamente. Aunque parece que es un tema sobre el que no se debe debatir. El Obispo de Rottenburg da una conferencia fabulosa sobre el Espíritu Santo, al que hay que abrirse, y se manifiesta a favor del diálogo; pero, al día siguiente, leo en la prensa -para gran decepción de muchos dentro y fuera de la diócesis- que el mismo obispo, que habla tan maravillosamente, ha suspendido una jornada sobre sexualidad en su propia academia. ¿Qué nos queda?

Pregunta: Esa jornada estaba prevista para finales de junio y el tema era la moral sexual actual.

Küng: Sí, y en lugar de asistir y defender sus ideas en las que está tan bien formado, escurre el bulto. Desautoriza a la directora de la academia y a todos los que quieren asistir. De esa forma deja claro que el diálogo del que habla no es más que una frase vacía.

Pregunta: ¿Cómo piensa que está actuando la Iglesia Católica con relación a los casos de abuso sexual?

Küng: Se sigue sin adoptar una postura clara, por ejemplo, sobre si los agresores deberán responder ante un tribunal civil o cómo se va a proceder, tal y como se deduce de las últimas noticias que llegan de Roma y de Estados Unidos. En Alemania dicen que ya se han disculpado y se da el caso por cerrado. Al mismo tiempo, ningún obispo quiere hablar de que sean cuestiones estructurales, ni de que hay que abordar de una vez por todas temas como el celibato de los hombres o la ordenación de mujeres. Pero, ¿por qué no?. Lo que se esconde detrás de ello, desde mi perspectiva, es simple y llana cobardía, lo contrario de esa franqueza apostólica que cabría esperar y de la que se habla en la Biblia, al igual que los apóstoles hablaban con libertad. Los obispos actuales callan. Y, si hay ocasión de ejercer su poder, lo ejercen.

Es una vergüenza que se abucheé al presidente de la Conferencia Episcopal Alemana en el Día de la Iglesia. ¿Por qué? Porque él de forma arbitraria ha tomado la palabra con el fin de criticar el Memorando de los teólogos. Cuando el Memorando de los teólogos -firmado ya por 300- está redactado en términos exquisitos. Así no se puede seguir.

Pregunta: Hasta aquí el diagnóstico de la crisis. En este contexto recurre Ud. continuamente a la metáfora de la enfermedad, pasemos ahora a las propuestas para la terapia. Ud. tiene una imagen concreta de la reforma de la Iglesia. De nuestra conversación deduzco que la reforma que el Sr. Küng tiene en mente pasa por eliminar totalmente la institución de la Iglesia.

Küng: No, qué va, todo lo contrario. Me gustaría que reconstruyéramos la institución de la Iglesia desde abajo, por supuesto, con base en el Nuevo Testamento y en el humanitarismo.

Pregunta: Entonces, ¿hay que deshacerse totalmente de las estructuras actuales o no?

Küng: Hay que abolir, por supuesto, el absolutismo del Papa. Aunque se puede mantener y apoyar perfectamente una institución que dirija la pastoral, presidida por un obispo en Roma, siempre que sea en la dirección del evangelio. Podría tener incluso una función ecuménica. Lo que critico es que una única persona quiera decidirlo todo y, por ejemplo, que destituya a un obispo, como ha vuelto a hacer el Papa Ratzinger, por primera vez desde el Concilio.

Tenemos el caso del obispo Morris de Australia. Se le destituyó porque dijo que no le quedaban curas y pedía la abolición del celibato y que se admitiera a mujeres al sacerdocio. Cuando se cesa a una persona de su cargo de esta forma sólo cabe concluir: esta no es la Iglesia de Jesucristo, esto es un sistema que exige una total identificación y ni siquiera a sus obispos les permite la menor divergencia.

Pregunta: No obstante, la institución del papado ¿le parecería aceptable si el Papa fuera más liberal, más abierto? ¿O diría que esta función del papado ya no está en consonancia con los tiempos que corren?

Küng: No. Siempre he estado a favor del equilibrio, del check and balance. Es bueno que haya una comunidad, también es bueno que haya algunas autoridades. Un hombre como Juan XXIII tuvo un efecto maravilloso en la Iglesia. Hizo más en cinco años que Wojtyla con sus docenas de viajes. Cambió toda la situación. Fue una gran oportunidad. No obstante, Sr. Caspary, he de confesarle que hoy tengo más confianza en las parroquias y no le quiero privar de una buena noticia que he recibido. Dos parroquias de Bruchsal, las comunidades romano-católicas de St. Peter y la comunidad parroquial de Paul Gerhardt, evangélica, escriben: "Damos por terminada la división que durante casi 500 años ha vivido la cristiandad en nuestra zona”.

Y añaden -espero que se publique pronto-: "Reconocemos que en todas las parroquias firmantes se vive igualmente como seguidores de Cristo y como comunidades de Jesucristo. Reconocemos que en nuestras parroquias Jesucristo nos invita a la mesa del Padre y sabemos que Él no excluye a nadie que quiera seguirle. Por la presente, manifestamos expresamente nuestra recíproca hospitalidad”.

Espero que haya muchas parroquias en Alemania que hagan lo mismo. Si los de arriba no quieren, a nivel parroquial podemos dar por superada y finalizada la escisión.

Pregunta: ¿Cómo se imagina Ud. esa Iglesia construida desde abajo? ¿Cuáles serían sus fundamentos institucionales? ¿No habría un riesgo de caos, de que la Iglesia se dividiera aún más en múltiples direcciones?

Küng: Lo que acaba de oír de Bruchsal es precisamente lo contrario a una escisión. Acerca a las parroquias. Y en la época del Concilio disfrutamos de gran unidad en la Iglesia. La división actual viene de arriba porque se ha intentado invalidar el Concilio, porque algunos están convencidos de que hay que volver a introducir la misa en latín y cosas por el estilo. Ante estos hechos hay que protestar. Se puede ofrecer resistencia como en el caso de las monaguillas.

Los creyentes dijeron simplemente: queremos que haya monaguillas y listo. Ahora, los de arriba intentan establecer que, al menos en las misas en latín, no haya mujeres. Necesitamos que haya una resistencia activa, de lo contrario la Iglesia se va a pique. Estamos en una situación desesperada, hemos perdido prácticamente a toda la generación joven. Esta es la diferencia con respecto a los países árabes donde cientos de miles salen a la calle. ¿Hay hoy 100.000 que salgan a la calle a pedir reformas en la Iglesia Católica? Continuamente me encuentro con padres que me dicen: "Sabe Ud. me da tanta pena que, siendo católicos convencidos, después de haber tenido siempre un buen ambiente familiar en casa, no consigamos que nuestros hijos participen en la Iglesia.”

Pregunta: Ha hablado de desobediencia civil. ¿Puede concretar? ¿Qué hacen los curas en las parroquias?

Küng: Los párrocos, en su mayoría, practican una desobediencia discreta. Si un padre evangélico se acerca a recibir la comunión, no le preguntan si es evangélico, tal y como se ha llegado a hacer en las jornadas de jóvenes de Colonia. Tampoco anuncian, tal y como se les vuelve a exigir, que de conformidad con el Papa, sólo determinadas personas puedan participar en la eucaristía. Los párrocos, los buenos párrocos, prescinden de esas normas y se las arreglan bastante bien. Aunque yo apoyaría que hubiera más párrocos como los de Bruchsal que sacaran a la luz su resistencia, de forma que la gente se dé cuenta que avanzamos.

Pregunta: ¿Es capaz la Iglesia Católica de iniciar ella misma la reforma desde dentro?

Küng: Bueno, conozco el sistema desde dentro y lucho por que se produzcan las reformas. Sé que tengo millones de personas de mi parte. En este sentido es cuestión de tiempo. Simplemente no podemos avanzar basándonos en un señor absoluto que prescribe lo que hay que hacer en el dormitorio (palabra clave: la píldora…) y que establece todas las normas desde su limitado campo de visión. Creo que la política papal ha demostrado ya ser un fiasco y no nos debería corromper más. La única pregunta que también se hizo el partido de la Unión Soviética, el partido comunista, es ésta: ¿hay algún Gorbachov que nos pueda sacar de este letargo?

Pregunta: ¿Quiere decir eso que estaría a favor a de algo así como una Perestroika en la Iglesia? Eso requiere una personalidad muy carismática.

Küng: Reclamo una Glasnot y una Perestroika en la organización y administración, en la pastoral y la legislación, y especialmente para las finanzas de la Iglesia. Me gustaría saber cómo se pagan las cosas realmente en Roma, quién reparte el bacalao.

Pregunta: Ese sería otro tema. La Perestroika sería para Ud…

Küng: … la independencia, sí.

Pregunta: Veremos si sus ideas y su visión de la Perestroika caen en suelo fértil y qué pasa en los próximos 20 años dentro de la iglesia católica. Una vez leído su libro, me inclinaría por un cierto escepticismo y pesimismo. No obstante, se encuentra entre las cosas buenas, pienso.

Küng: Sólo puedo apelar y esperar que haya suficiente gente que se ponga en pie y, por fin, se rebele.

[Entrevista de Ralf Caspary al profesor Hans Küng]
Audio y transcripción original:
http://www.swr.de/swr2/programm/sendungen/wissen/ist-die-kirche-noch-zu-retten/-/id=660374/nid=660374/did=8085352/1gkcaxu/index.html
Traducción del original alemán a cargo de Ana Moreno - anamorenop@yahoo.es]