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miércoles, 28 de agosto de 2013

Pobreza, cualidad extrema de los campesinos latinoamericanos, en el cuento “Es que somos muy pobres” de Juan Rulfo



 Pobreza, cualidad extrema de los campesinos latinoamericanos, en el cuento “Es que somos muy pobres” de Juan Rulfo


                                                                                              Por Ana Cecilia Hernández
                                                                                 

La pobreza es cualidad extrema en los países latinoamericanos.  Cada país, cada pueblo de nuestros territorios sufre las consecuencias de la aridez y de la pobreza en un mundo deshonroso que ha dejado a sus hijos morir lentamente de hambre y de tristeza.  Leonardo Boff, teólogo de la liberación,  en torno al tema acota lo siguiente: “Es como si hubiésemos olvidado totalmente nuestros orígenes ancestrales de la cooperación originaria que nos permitió ser humanos…  la ética vigente es egoísta y excluyente. No se pone al servicio de la vida de todos y de su necesario cuidado, sino que está al servicio de los intereses de algunos individuos o grupos” (Boff, Leonardo.  Servicio Koinonia, Nro. 521)

El cuento “Es que somos muy pobres”, de Juan Rulfo es una historia humana - similar a millares de historias de nuestros campesinos pobres de la América Ibérica - que se centra en la desolación que produce la muerte de una vaca (la serpentina), único recurso-dote que poseía Tacha, tercera de las hijas de un matrimonio pobre. 

Tras torrenciales lluvias, el río  crece, se desborda e inunda los bajíos y arrasa lo que encuentra a su paso, produciendo angustia y desesperanza en los miembros de la familia, quienes ven perdido el más valioso patrimonio que poseen, la vaca.

 El cuento muestra la preocupación de los padres de Tacha por la suerte que pueda correr al no contar ya con la dote, obsequio amoroso y sacrificado del padre en su cumpleaños: “porque mi papá con muchos trabajos había conseguido a la Serpentina, desde que era una vaquilla, para dársela a mi hermana, con el fin de que ella tuviera un capitalito”

Tristeza, desaliento y resignación son los ingredientes que preparan la mezcla letal del determinismo en una realidad social que para los personajes es imposible cambiar porque están destinados a padecerla.

La respuesta aseverativa plasmada en la afirmación “es que somos muy pobres” y que intitula el cuento rulfista de la colección “El llano en llamas” de 1953, plantea una concepción tremendista de la vida, sujeta a un destino inexorable.  Se trata de una respuesta que presenta como causal indiscutible la premisa de que lo que pasa a los pobres les pasa porque son pobres.

Los sucesos que evidencian tal concepción determinista de la vida están intrínsecos en el mensaje que subyace en la primera oración del texto y que augura presagios nefastos: “aquí todo va de mal en peor”.  Las razones iniciales son obvias para el personaje (un chico miembro de la familia) que las relata de manera progresiva: la muerte de la tía Jacinta, la lluvia persistente, la pérdida de la cosecha, la muerte de la vaca de Tacha.

En la relación de los hechos hay una idea que prevalece: la fatalidad, manifiesta en la analogía que hay entre la inundación, la pérdida de la vaca y la muy posible prostitución de Tacha, la hija menor de doce años.

El contenido del cuento es totalmente pesimista, pues afirma, por ejemplo, que Tacha, al perder la vaca(la cual fue arrastrada río abajo) se ha quedado sin recursos y sin posibilidad de conseguirse a un hombre que la tome por esposa: “y pueda casarse con un hombre bueno, que la pueda querer para siempre”, “con la vaca era distinto, pues no hubiera faltado quién se hiciera el ánimo de casarse con ella, sólo por llevarse también aquella vaca tan bonita”; por  tanto el destino que le espera es que se vuelva prostituta, en virtud del antecedente de sus dos hermanas, y porque son muy pobres. 


En el  determinismo del cuento de Rulfo hay un pasado remoto asociado a la pobreza de la familia y del pueblo quienes solo tienen fuerzas emocionales para pensar en sus problemas.  También se nota un pasado lejano que alude a la prostitución de las hermanas, cuyo único destino era ese, pues sus vidas pobres no le permitían acceder a  opciones más “decentes”;  también se destaca un pasado reciente: la pérdida del patrimonio familiar.  Juntos prevén un futuro incierto y nefasto para Tacha, su prostitución: “La apuración que tienen en mi casa ¨[presente]es lo que pueda suceder el día de mañana [futuro], ahora que mi hermana Tacha se quedó sin nada” [pasado reciente]. Aquí la familia vislumbra con certeza y convicción que tras el desastre de la inundación, nada positivo ha de  venir. Están condenados.

Pero hay elemento adicional que refuerza  la conciencia fatalista del campesinado: la religión, único amparo emocional y que con su efecto colateral, ha impregnado de un espíritu de resignación el humor y el corazón de los pobres. Sobre el tema,  la revista  La palabra y el hombre expresa:  “se atribuyen poderes a Dios para intervenir en el mundo … esta creencia induce al individuo a ser obediente y sumiso, no solo frente a Dios, sino frente a todo aquello que se eleve por encima de él” (Campbell, Ysla,  abril-junio 1991, p. 284)

En el cuento, el campesino intenta buscar una explicación  al hecho de que las hermanas se hayan convertido en “pirujas”,  a pesar de la conducta irreprochable de la familia que nunca les alentó ni aprobó el  inmoral comportamiento. Al no encontrar una justificación terrenal más allá del hecho de ser pobres,  la familia busca, entonces, respuestas en la religión y el destino preestablecido para los pobres: “Mi mamá no sabe por qué Dios la ha castigado tanto al darle unas hijas de ese modo, cuando en su familia, desde su abuela para acá, nunca ha habido gente mala. Todos fueron criados en el temor de Dios”.  La búsqueda de una explicación razonable a tan anómala conducta de las hijas, hace que la madre se angustie y padezca  sufrimientos y pesares: “Y cada vez que piensa en ellas, llora y dice: que Dios las ampare a las dos". Para el campesino pobre, en   lo supraterrenal y lo divino están las respuestas.


En este cuento lo sobrenatural se encarna en los designios de la naturaleza-representante de Dios en la tierra- y en las pérdidas que trae consigo. Ambos elementos, Naturaleza y Dios, constituyen fuerzas dominantes y avasalladoras que dan impulso a la pasividad, la cual emerge de antiguas conductas de sumisión, germinadas en la tierra fértil del vasallaje de las épocas coloniales,  reforzadas con hábitos y tradiciones ancestrales, y complementadas con la ignorancia,  el escaso acceso a la educación y la imposición de modelos económicos que hacen al rico más poderoso, y al pobre más frágil.  Otra vez Boff señala: “El genio del capitalismo siempre ha encontrado salidas para su propósito de acumulación ilimitada”, y agrega al respecto de la producción y la acumulación de riquezas: “Es necesario producir, pero respetando el alcance y los límites… , no meramente para acumular sino para atender … las demandas humanas”. ( Boff Leonardo, Servicio Koinonia, Nro. 500).  Y sirva el caso colombiano como referencia para evidenciar una realidad de la cual el campesino latinoamericano, aún en este siglo XXI no ha podido escaparse: “52% de la gran propiedad está en manos de 1,15% de la población, lo que indica que se trata de uno de los índices de distribución de riqueza más precarios no solo en la región, sino en el mundo” (PNUD. Informe de Desarrollo Humano, 2011)

Es esa realidad dictatorial que no puede con las cifras que ha impuesto el mundo del capital y la riqueza, pues aun cuando el pobre no sabe de cifras, sí sabe de sus consecuencias: la desolación y la resignación, y un  destino incierto como el de Tacha.

Un pasado de sometimientos y ultrajes ha marcado a los pueblos campesinos con igual intensidad en el presente y con clara proyección  hacia el futuro, y es que  en  tiempos actuales aún no se ha logrado reivindicar al campesino tal y como se  merece.  Estudios sociológicos y antropológicos en la región latinoamericana demuestran  que las políticas de estado tienden a favorecer la culturización occidental, en pro de un desarrollo globalizado que excluye, casi siempre, al campesinado, dado que se interpreta que no tiene mayores aportes que hacer a su propia superación.  La  Revista colombiana de sociología reproduce de Carlos Salgado lo siguiente: “Las políticas están dirigidas a un alguien indiferenciado, pobre, excluido… y que ha de ser redimido por los programas” (Revista colombiana de sociología, vol. 35, 2012).

 Los gobiernos tienden a presentar agendas diseñadas y enfocadas en planes sociales, económicos y culturales preestablecidos, y a los que  el campesino no ha tenido acceso en sus fases de gestación y programación. Sigue expresando Salgado: “Omiten un concepto claro de lo campesino y hacen eco de la visión propia de las teorías convencionales sobre el desarrollo…  y convierten a la modernización en su propósito principal” (Revista colombiana de sociología, vol. 35, 2012).

La pobreza es una cualidad extrema en los países de América Latina porque desde antiguo se hizo huésped omnipresente en los hogares de la gente pobre, como el de Tacha. Talmente lo ha  planteado Rulfo en el simbolismo de su magistral obra en la que se desvela  una siniestra simbiosis   entre Tacha y el Río, pues  “mientras la creciente sigue subiendo… los dos pechitos de ella… comenzarán a hincharse para empezar a trabajar por su perdición”, así como el río crece y devasta, arrastrando todo con furia en pos de la destrucción.









martes, 2 de abril de 2013

REFLEXIÓN DE JON SOBRINO SOBRE EL PAPA FRANCISCO

Jon Sobrino: Reflexiones sobre el nuevo Papa

Desde el anuncio del nuevo Papa los periodistas preguntan cuál es nuestra opinión. Para contestar en serio habría que esperar algunos días y semanas. Pero ante su insistencia ofrezco ahora algunas reflexiones por si son de utilidad. Cuatro cosas me han venido a la mente: 1. Folclore mediático, 2. Conocimientos necesarios, 3. Reflexiones sobre el para qué de lo que estaba ocurriendo, y 4. Si y a qué nos compromete.

1. Folclore mediático. La Plaza de San Pedro estaba abarrotada de gente de todas razas y colores, con banderas variopintas, con rostros expectantes y sonrientes. La fachada del Templo estaba adornada con esmero calculado. Se dejaban ver también personas vestidas con capisayos y acicaladas como no se ven en las calles de la vida real, en campesinos y señoras del mercado. Imperaba el folk-lore -del inglés: costumbres populares-, aunque en la plaza de San Pedro las costumbres eran más sofisticadas y acicaladas que en las de los pueblos del terruño español y los cantones salvadoreños. Nada de esto era malo, pero no decía nada importante de quién iba a ser el nuevo papa, qué alegrías y problemas iba a tener y con qué cruz iba a cargar… Sí era chocante el despliegue de suntuosidad alejada de la sencillez de Jesús. Y se adivinaba una cierta jactancia en los organizadores: “todo está saliendo bien”. Cuando esta perfección expresa además poderío la suelo llamar pastoral de la apoteosis.
Y se escuchó el nombre del nuevo papa: Jorge Mario Bergoglio. Para los no iniciados fue una sorpresa total. Y una gran novedad. El papa es argentino, el primer papa de ese país. Y es jesuita, el primer papa de esa orden. Ambas cosas pueden ser trivializadas, como ha ocurrido en algunos medios. Por eso hay que entenderlo bien. Argentino es Messi, pero no todos los argentinos son estrellas. Jesuita fue Pedro Arrupe, pero -y aquí hablo de cosas más serias- no todos los jesuitas somos como él. Al folclore pertenece también titulares como “argentino y jesuita” sin mucho ingenio y con pereza mental. ¿No tendrán otra cosa que decir? Los momentos folclóricos y mediáticos duran poco. Triste es mantenerlos voluntaristamente, o seguir añadiendo detalles intranscendentes, sin acabar de entrar en el fondo del asunto: el papa, la Iglesia, Dios y nosotros. De los amos de los medios -y de la tolerancia de los espectadores- dependerá que lo folclórico siga siendo lo más socorrido.

Pero algo no fue folclórico ya el primer día: la vestimenta sencilla del papa, la pequeña cruz sobre su pecho donde no había oro ni plata ni brillantes, su oración que, inclinándose, pidió al pueblo antes de bendecirles él a ellos. Son signos pequeños pero claros. Ojalá crezcan como signos grandes y que acompañan a su misión. Clara quedó la sencillez y la humildad.

2. Conocimientos necesarios. Sin ellos es difícil hablar del nuevo papa -y no es fácil conseguirlos en breve tiempo. No soy experto en la vida, trabajo, gozos y sufrimientos de Bergoglio. Haré uso de algunos conocimientos personales. Y para no caer en irresponsabilidad he procurado conectarme con personas sobre todo de Argentina, a las que no citaré, que han tenido contacto directo con él. Espero comprensión por lo limitado de lo que voy a decir en este apartado. Y pido disculpas si cometo algún error. Bergoglio es un jesuita que ha ocupado cargos importantes en la Provincia de Argentina. Ha sido profesor de teología, superior y Provincial. No es difícil hablar de sus tareas externas. Pero de lo más interno sólo se puede hablar con delicadeza y, ahora, con respeto y responsabilidad. Muchos compañeros lo han recordado como persona de hondos convencimientos y temperamento, decidido luchador y sin tregua. “Si le hacen papa, limpiará la curia”, se ha dicho con humor. También le recuerdan por su interés desmedido de comunicar a otros sus convicciones sobre la Compañía de Jesús, interés que se podía convertir en posesividad, hasta exigir lealtad hacia su persona. Muchos recuerdan su austeridad de vida, como jesuita, arzobispo y cardenal. Muestra de ello es su vivienda y su proverbial viajar en autobús. Ya obispo, muchos de sus sacerdotes recuerdan su cercanía y como se les ofrecía a suplirles en su trabajo parroquial, cuando necesitaban dejar la parroquia para salir a descansar. La austeridad de vida iba acompañada de un real interés por los pobres, indigentes, sindicalistas atropellados, lo que le llevó a defenderlos con firmeza ante los sucesivos gobiernos. Los temas morales le han sido cercanos, y ciertamente el del aborto, lo que le llevó a enfrentarse directamente con el presidente del país. En todo ello se aprecia una forma suya específica de hacer la opción por los pobres. No así en salir activa y arriesgadamente en su defensa en las épocas de represión de las criminales dictaduras militares. La complicidad de la jerarquía eclesiástica con las dictaduras es conocida. Bergoglio fue superior de los jesuitas de Argentina desde 1973 hasta 1979, en los años de mayor represión del genocidio cívico militar. No parece justo hablar de complicidad, pero sí parece correcto decir que en aquellas circunstancias Bergoglio tuvo un alejamiento de la Iglesia Popular, comprometida con los pobres. No fue un Romero. No tengo conocimientos suficientes, y lo digo con temor a equivocarme. Bergoglio no ofrecía la imagen de Monseñor Angelleli, obispo argentino asesinado por los militares en 1976. Muy posiblemente sí ocurría en su corazón, pero no solía aflorar en público el recuerdo vivo de Leónidas Proaño, Monseñor Juan Gerardi, Sergio Méndez…

Por otra parte, desde 1998, como arzobispo de Buenos Aires acompañó de diferentes maneras a sectores maltratados de la gran ciudad, y con hechos concretos. Un testigo ocular cuenta que en la misa del primer aniversario de la tragedia de Cromagnon –incendio ocurrido durante un concierto de rock que costó la vida a 200 jóvenes- Bergoglio se hizo presente y con fuerza exigió justicia para las víctimas. A veces usó lenguaje profético. Denunció los males que “trituran la carne del pueblo”, y les puso nombre concreto: la trata de personas, el trabajo esclavo, la prostitución, el narcotráfico, y muchos otros. Para algunos, quizás la mayor virtud y la mayor fuerza para llevar adelante su actual ministerio papal es que Bergoglio es un hombre abierto al diálogo con los marginados y desde el dolor. Acompañó con decisión procesos eclesiales en los márgenes de la Iglesia Católica, y los procesos que ocurren al borde de la legalidad. Dos ejemplos emblemáticos son la Vicaría de curas villeros de los barrios marginales y su apoyo a los curas que deambulaban sin un ministerio digno.

3. Reflexión. Qué le espera al Papa Francisco, solo Dios lo sabe. El nuevo papa habrá pensado bien lo que le puede esperar y lo que él deberá, podrá y querrá hacer. Ahora enumeramos algunas tareas que a nosotros, desde El Salvador, nos parecen importantes, y que pueden ser importantes para todos en la Iglesia. También nosotros debemos llevarlas a cabo, pero el papa tiene una mayor responsabilidad y, ojalá, tenga más medios. Las tareas coinciden mucho con las que José Ignacio González Faus ha propuesto recientemente.

La primera -la mayor de las utopías- es hacer realidad la utopía de Juan XXIII: “La iglesia es especialmente la Iglesia de los Pobres”. No tuvo éxito en el aula del Vaticano II, de modo que unos 40 obispos se reunieron fuera del aula, y en las Catacumbas de Santa Domitila firmaron el manifiesto que se ha llamado “El Pacto de las Catacumbas”. Por lo que muchos dicen, Bergoglio tiene sensibilidad hacia los pobres. Ojalá tenga lucidez para hacer real la Iglesia de los Pobres, y que ésta deje de ser iglesia de abundancia, de burgueses y ricos. No le faltarán enemigos, como no faltaron después de Medellín a muchos jerarcas que sí pusieron a los pobres en el centro de la Iglesia. Los enemigos estaban dentro de curias eclesiásticas, y muy poderosamente en el mundo del dinero y el poder. Estos asesinaron a miles de cristianos y cristianas. Ojalá el Papa Francisco no se asuste de una iglesia perseguida y mártir, como las de Monseñor Romero y Monseñor Gerardi. Y los canonice o no, ojalá proclame que los mártires, concretándolos también como los mártires por la justicia, es lo mejor que tenemos en la Iglesia. Es lo que la hacen parecida a Jesús de Nazareth. Para ello no es esencial que canonice a Monseñor Romero aunque sería un buen signo. Y si el papa cae en alguna debilidad humana, sea ésta estar orgulloso de su patria latinoamericana, sufriente y esperanzada, mártir y siempre en trance de resurrección. Y estar orgulloso de toda una generación de obispos: Leonidas Proaño, Helder Camara, Aloysius Lorscheider, Samuel Ruiz… No llegaron a papas, la mayoría de ellos tampoco a cardenales. Pero de ellos vivimos.

La segunda es la conocida constelación de problemas al interior de la organización de la Iglesia que esperan solución urgente.

a) La muy urgente reforma de la Curia Romana.
b) Que los miembros de la Curia sean preferentemente laicos.
c) Que Roma deje a las iglesias locales la elección de sus pastores.
d) Que desaparezcan del entorno papal todos los símbolos de poder y de dignidad mundana, y ciertamente que el sucesor de Pedro deje de ser jefe de Estado, porque eso avergonzaría a Jesús.
e) Que Roma y toda la Iglesia sienta como ofensa a Dios la actual separación de las iglesias cristianas.
f) Que Roma solucione la situación de los católicos que fallaron en su primer matrimonio y han encontrado estabilidad en una segunda unión.
g) Que Roma repiense el celibato ministerial.

Y otras tres.
a) Que de una vez por todas arreglemos la situación insostenible de la mujer en la iglesia.
b) Que dejemos de minusvalorar, a veces menospreciar, al mundo indígena, a los mapuches de América del Sur y a todos los que el papa irá conociendo en sus viajes por África, Asia y América Latina.
c) Que aprendamos a amar a la madre tierra.

4. Compromiso. El nuevo papa en el balcón de San Pedro y los millones de personas en la Plaza no debieran convertirse en un gran actor, el papa, y en espectadores taquilleros, los fieles. Termino con la reflexión que escribí después de la renuncia de Benedicto XVI. Es utopía, pero por ella habrá que trabajar. Cierto es que la exquisita plaza de San Pedro, descrita al principio, no es el lugar cristiano de la utopía. Este es el portal de Belén, la casa de los pobres. Pero sea en un lugar o en otro, ojalá nos animemos unos a otros a lo siguiente:

Cuesta humanizar y desmitificar al papa. Cuesta creer que es como nosotros. Pero bueno será comprometernos, dentro de nuestras posibilidades a que salga elegido alguien que, además de amplias dotes de gobierno pastoral, se parezca a Jesús y nos anime a parecernos a Jesús. Y que, con la modestia del caso, le ayudemos a parecerse a Jesús. Esto es lo que hoy le pedimos y le ofrecemos al Papa Francisco.

domingo, 23 de septiembre de 2012

EL SEGUIMIENTO DE JESÚS, DESDE VICENTE DE PAÚL, EN LA PERSPECTIVA DEL EVANGELIO DE MARCOS







La pobreza voluntaria
Para Vicente de Paúl el  seguimiento, la evangelización y el servicio a los pobres pasan necesariamente por hacer una opción libre y voluntaria por la pobreza en solidaridad con las personas pobres. Pero, ¿qué entiende Vicente por pobreza voluntaria?
Para esto recurrimos a la conferencia de Vicente de Paúl de 1659[1], a sus 78 años de edad, en donde refiriéndose a la cuestión que nos ocupa, recurre al texto de Marcos 10, 29-30:¨Jesús dijo: ¨Yo les aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos, o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora, al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero vida eterna.¨
Es claro que este texto nos está hablando de un desapego, de un rechazo al sistema de posesión que constituye a la persona según los criterios del mundo. Este desapego-rechazo se hace por una sola e innegociable causa: Jesús y el Evangelio.
Esta fue una verdadera revolución de criterios humanos frente a un sistema en el que las posesiones y los honores eran los constitutivos de un sistema en el que unos pocos oprimían a las mayorías. Esta manera alternativa y reaccionaria de vivir traerá también sus propias consecuencias, debido al seguimiento de un hombre, Jesús, quien causó verdadero escándalo al vivir como un hombre justo y morir en la cruz como el peor de los criminales, siendo víctima de un sistema que no soportó su estilo de vida.
El estilo de vida que propuso Jesús es el Evangelio, es decir, la Buena Noticia. ¿Cuál es esa Buena Noticia?  La Buena Noticia se llama Reino de Dios: es la justicia y la misericordia, sin que una exima a la otra. Entonces, el Reino de Dios implica que no puede haber otro rey más que Dios, esto es, necesariamente, acabar con cualquier otro tipo de reinado: injusticia, dinero, capitalismo, pobreza, corrupción, marginación, violencia (la pax romana=seguridad democrática), hambre, indiferencia, miedo, etc. A todo esto se le llama anti-Reino.
San Vicente hace énfasis en que todo aquello de lo cual uno se desapega y rechaza, por Jesús y el Evangelio, es decir, por ser parte del sistema que aniquila la vida humana y está en contra del Reino de Dios, y no por otras razones, recibirá, ahora, en el presente, el ciento por uno. ¿Qué significa esto? 
Significa que, el Reino de Dios, por ser una alternativa contraria al sistema capitalista, mercantil y empresarial, es radicalmente un sistema comunitario fraterno, solidario  y reaccionario. Esto implica que se alcanzan niveles de familiaridad que rebasan el nexo sanguíneo, pues la comunidad abarca más que la misma familia, y, como consecuencia, en lugar de pocos hermanos, pocas hermanas, una madre, un padre, unos pocos hijos, una casa y pocas propiedades, Dios dará cien veces más, ya que cada miembro de la comunidad con su propia familia, sus bienes y posesiones estará en función y servicio de cada persona que integra la comunidad y sus necesidades concretas. Por tanto, cada persona que integra la comunidad, lo cual implica el desapego libre y voluntario, nunca estará sola, no pasará hambre, no oprimirá ni será oprimido y vivirá en total libertad para amar.
Ahora bien, la consecuencia de hacer una opción voluntaria por la pobreza, en solidaridad con las personas pobres, traerá consigo una nota característica de la Iglesia que por muchos siglos se ha pretendido ocultar o simplemente se ha huido de ella: la persecución. Este es el verdadero signo de que se ha hecho una radical opción por Jesús y por el Evangelio (Reino de Dios). Si no existe persecución es porque no existe verdadero seguimiento de Jesús, por eso, quienes viven las bienaventuranzas (Mt 5, 1-12; Lc 6,20-23) necesariamente experimentarán la persecución, e incluso la muerte (el martirio). La persecución es anuncio de la opción por el Reino de Dios y denuncia de quienes no toleran dicho Reino, sin embargo, a pesar de que a muchas personas les gustaría suavizar esta nota fundamental del seguimiento de Jesús, sin ella se anula el Evangelio.
Después que Vicente reflexiona acerca de la pobreza voluntaria, desde el Evangelio de Marcos, pregunta: “¿No tenemos motivos para pedirle a Dios ese espíritu de pobreza, que nos es tan provechoso? Si alguno fuera tan miserable que no sintiera en su corazón ese afecto por la santa pobreza, ¡Qué digno sería de compasión!”[2]

Rodearse de lunáticos, endemoniados y locos
Vicente de paúl en una conferencia de 1658[3], a los 77 años hablaba que era necesario recibir a los locos que parecían endemoniados, pues el mismo Jesús se rodeó  ¨de lunáticos, endemoniados, tentados y posesos; se los llevaban de todas partes para que los librase y los curase… ¿Por qué no los vamos a recibir nosotros?¨[4]
Vicente está haciendo una clara alusión, a Mc 1, 32-34: ¨Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados: la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios pues lo conocían.¨ Este texto nos hace referencia a otra característica del seguimiento de Jesús: el insertarse en la realidad y rodearse de las personas marginadas y excluidas, pues es la única manera de sanarles y devolverles su dignidad.
Es evidente que no basta con insertarse en una realidad, es necesario ser sensible al dolor y al sufrimiento de la otra  persona, así como tener una conciencia crítica de las causas del dolor y sufrimiento de estas personas. Esto se convierte en un signo claro de la presencia de Reino de Dios en el mundo. Por eso Vicente de Paúl cuestiona a quienes dicen seguir a Jesús, pero no son capaces de vivir como Jesús vivió,  de seguir sus pasos. La opción voluntaria por la pobreza implica vivir con los pobres, entre ellos, asumir su realidad y transformarla desde y con los pobres.
¨ ¡Oh Salvador mío y Dios mío! ¡Concédenos la Gracia de mirar estas cosas con los mismos ojos que tú las miras! ¨[5]
Por tanto, para Vicente de Paúl existe un gran motivo para sentirse feliz: ¨Dar a conocer a Dios a los pobres, anunciarles a Jesucristo, decirles que está cerca el Reino de los cielos y que ese Reino es para los pobres. ¡Qué grande es esto!¨[6]. Para Vicente de Paúl, la mayor felicidad que puede tener una persona es tener la vocación que tuvo Jesucristo, es decir, la evangelización de los pobres, pues estos son la herencia que Dios ha entregado a quienes quiere vivir y hacer presente  el Reino de Dios. Esta vocación es la de toda persona bautizada.

 
Por todo el mundo
Para Vicente de Paúl era una verdadera gracia el ser enviado a predicar por todo el mundo, tal como lo hicieron los apóstoles. Eso es algo continuo en la historia de la humanidad, pues es un mandato del mismo Jesucristo, un envío que Él hace. 
Para Vicente es fundamental asumir lo que dice Mc 16, 15-17: ¨Y les dijo: ¨Vayan por todo el mundo y proclamen la buen nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que acompañaran a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas¨.
Esto implica entonces, que la misión de evangelizar, es decir, llevar la buena noticia del Reino de Dios a los pobres, debe ser para todo el mundo y realizada por toda persona bautizada, por toda persona creyente. Nos está indicando una actitud itinerante, no instalada sino con apertura a todos los pueblos, culturas, etc.
Quienes crean en esta buena noticia se salvarán, pues su vida estará garantizada por Dios y por la práctica de la justicia y la misericordia, mientras que quienes no acojan esta buena noticia se condenarán a sí mismos porque estarán rechazando la oferta de la vida plena en Dios.
El signo visible de su adhesión al Reino será el bautismo, como signo de conversión, de pobreza voluntaria y opción solidaria por los pobres. Los signos que acompañarán a estas personas que creen serán:
1.      En el nombre de Jesús, expulsarán cualquier demonio, es decir, cualquier espíritu que atente contra la vida humana, como el egoísmo, el individualismo, el deseo de ser superior a otros, los prejuicios, el parasitismo, la idolatría, la indiferencia, el espiritualismo, etc.
2.      Hablar en lenguas diferentes, es decir, la capacidad de darse a entender, de poder comunicarse con las otras personas y trasmitirle la buena noticia para que también puedan unirse al proyecto de reino de Dios.
Estas son las notas constitutivas fundamentales del seguimiento de Jesús según Vicente de Paúl en perspectiva del evangelio de Marcos.
¿Qué característica del seguimiento de Jesús, a partir del evangelio de Marcos, y según Vicente de Paúl, te ha impactado más y por qué?
¿Cómo vas a  llevar esto a la práctica?


[1] Cfr. Conferencias a los misioneros: Vicente de Paúl. Editorial CEME. Salamanca, España, 1992. Pg. 640-650.
[2] Ibid. Pg. 645.
[3] Cfr. Ibid. Pg. 283- 300
[4] Ibid. .p. 396.
s  Ibid. 396
[6] Ibid. P.389